sábado, 26 de septiembre de 2009

¿Una biografía fraudulenta escrita por el segundo conde de Morella?


1. INTRODUCCIÓN

El 28 de octubre de 1983 se subastó en la sala Durán de Madrid, una colección de importantes documentos para la historia de España procedentes, según noticia publicada en el diario “Ya”, de la colección privada del Marqués de Toca. Entre ellos, una serie de voluminosas carpetas de documentación carlista, que junto a correspondencia diversa de distintos personajes del entorno del Pretendiente, incluía “la historia autógrafa de Ramón Cabrera, redactada por su hijo en 669 Hojas”. El lote, cuyo precio de salida fue la respetable cifra de cinco millones de pesetas, fue a parar al Estado, que finalmente incorporó los legajos adquiridos a los fondos del Archivo Histórico Nacional, en donde se encuentran en la actualidad.

La “historia autógrafa de Ramón Cabrera, redactada por su hijo en 669 hojas” es efectivamente un manuscrito en ese número de cuartillas amarillentas, todas ellas con un membrete en la esquina superior izquierda del Hotel Palace de Madrid –salvo una que lleva el membrete de la Gran Peña de Madrid-, que permite suponer quizás el lugar de su redacción y tratar de situar la fecha del mismo, que no consta en el escrito, como tampoco el nombre de su autor. Respecto a esto último, la única evidencia de su autoría consiste en una frase del preámbulo que antecede al prólogo, en la que quien escribe declara que “Mi único objeto al publicar esta biografía es el de restablecer la verdad de los hechos y de sincerar a mi Padre contra los ataques y calumnias de que ha sido objeto”. Ello parece suficiente prueba para afirmar que el manuscrito fue escrito por “su hijo”, como señalaba la referida nota acerca de la subasta, pero poco más, sobretodo teniendo en cuenta que el famoso general carlista tuvo tres hijos varones, además de dos féminas.

Por si el atractivo para el investigador de este hasta ahora desconocido documento, salido de fuentes tan próximas al caudillo carlista, no fuera suficiente con su falta de autor expreso y datación, las 669 hojas numeradas no siguen en su numeración el orden secuencial de la narración, sino uno arbitrario, que exige para poder seguir una lectura inteligible, de una completa reordenación de todas ellas, prescindiendo por completo de los números de página que figuran en el margen superior derecho de ambas caras de cada cuartilla, y que evidentemente no debieron obedecer a más fin que el recuento de las mismas, siendo por tanto una numeración a posteriori, que nada tuvo que ver con la usada por el autor. Éste que debió de escribir su manuscrito en distintas “sentadas”, utilizaba una curiosa numeración recurrente, como si se tratara de cuadernillos, cuyas páginas numeraba de la 1 a la 6 –otras veces algunas más-, para empezar de nuevo esta misma forma de numeración en el grupo de hojas siguiente. La reconstrucción del orden original, aunque con algunas ayudas, exige estudiar “las combinaciones de 669 elementos tomados de seis en seis”, casando frases inacabadas, obteniendo pistas útiles de un suceso, de un nombre, de una fecha, del trazo más grueso o más fino de la pluma o tinta utilizada en cada “sentada”, hasta ir completando un puzzle que requiere, en el mejor de los casos, de una buena dosis de paciencia. Todo ello dado por bien empleado, ante el interés que a priori cabía conceder a una biografía del caudillo carlista escrita por uno de sus hijos.

2. AUTOR Y FECHA DEL MANUSCRITO

La declaración hecha en la Introducción del manuscrito respecto a que “mi único objetivo al publicar esta biografía es el de restablecer la verdad de los hechos y sincerar a mi Padre contra los ataques y calumnias de que ha sido objeto” fue la prueba aceptada por la casa de subastas –e indirectamente por el Estado, al pujar por el documento una elevada suma de dinero-, de que el manuscrito fue escrito por un hijo del biografiado.

El General carlista Ramón Cabrera, héroe de la Guerra de los Siete Años, contrajo matrimonio en Londres con la joven inglesa Marianne Catherine Richards. La boda tuvo lugar el 29 de mayo de 1850, celebrándose en dos ceremonias separadas, católica y protestante, por la religión anglicana de la novia.

Del matrimonio de los Condes de Morella –título éste que Carlos V había concedido al gran general tortosino, para reconocer la heroica defensa de esta plaza, sitiada por el ejército del General Oraá- nacieron cinco hijos, tres varones y dos hembras.

La primogénita nació el 29 de octubre –y no de diciembre, como figura en algún libro- de 1852, y recibió los nombres de María Teresa Carlota Luisa Sofía a instancias del propio Rey Carlos V, que junto con su esposa Doña María Teresa de Braganza, princesa de Beira, sería padrino de la recién nacida. Luisa, como era llamada familiarmente, causó serios disgustos a su madre, cuyo fondo fue probablemente la distinta religión de ambas; pues Luisa había sido bautizada y educada en la fe católica de su padre. La falta de sintonía entre madre e hija –que provocó tensión en las relaciones conyugales de sus padres- llegó al extremo de que Luisa abandonara el hogar familiar. Tiempo después, contrajo matrimonio con el aristócrata de ancestros italianos Charles Gandolfi Hornyold, Conde y Marqués de Gandolfi. Tras enviudar, Luisa Cabrera fallecería en París en 1918.

El primer hijo varón de los Condes de Morella, nació el 3 de febrero de 1854, y fue bautizado con los nombres de Ramón Alejandro Leopoldo. El joven Ramón pretendió hacer en Inglaterra la carrera de las armas, pero al no conseguir su ingreso[1], optó por viajar a España e ingresar en la carrera diplomática. El 23 de octubre de 1884 –cuando contaba treinta años de edad- contrajo matrimonio con la joven francesa Lilly Rose Schenrich,nacida en París, celebrándose la ceremonía en la French Catholic Chappel de Little George Street, Marylebone, Londres, en el mismo lugar donde treinta y cuatro años antes habían contraido matrimonio sus padres. El tenía treinta años y desde seis años antes ostentaba los títulos de Marqués del Ter y Conde de Morella, cuya sucesión había tramitado a su favor en 1878, tras morir su padre. Ella contaba sólo con veinte años y era hija de Henri Joseph Schenrich, un caballero de elevada posición social, y de Julia Elizabeth Spuring. Ni la madre ni ninguno de los hermanos del novio firmaron el acta de matrimonio, que si lo fue, por el contrario, por los padres de la novia. El domicilio londinense del nuevo matrimonio se instaló en el número 14 de Lower Berkeley Street, en el mismo distrito de Marylebone.

Ramón Cabrera Richards siguió su carrera diplomática primero en el Ministerio de Exterior, luego en la legación española en Washington, y posteriormente como agregado de la Embajada española en Londres. Durante su residencia en la capital inglesa, ostentando este último cargo, nació el 8 de junio de 1889, en su domicilio de 86, Gloucester Place, Marylebone, su único hijo Ramón Henry. Poco después, el 28 de septiembre de 1901, fue trasladado a la Legación de S.M. en San Petesburgo.

Durante las primeras dos décadas del siglo, el segundo Conde de Morella y Marqués del Ter –el General Cabrera había fallecido en 1877- residiría unas veces en Londres y otras en Madrid, en su domicilio de la calle Almagro.

De 1913 es el curioso incidente en el que primero su hijo Ramón Henry, y luego ambos, serían expulsados de Wentworth y vedada por su madre –la anciana esposa del General, de 93 años- la entrada en la residencia familiar. El incidente, cuyas causas no han sido esclarecidas, llegó incluso a los tribunales, pues la expulsión fue seguida de algunos golpes y forcejeos, así como de la correspondiente denuncia. El problema entre madre e hijo debía proceder de antiguo, pues ya en 1890, cuando Marianne Catherine redactó su primer testamento, ignoraba por completo en el mismo al mayor de sus hijos varones.

En 1915, cuando vivían en Londres en su casa de Grosvenor Square 24, e Inglaterra sufría los avatares de la I Guerra Mundial, Lilly Rose Schenrich –que participaba de los movimientos de emancipación femenina de la época- fundó y presidió la asociación humanitaria “Help for Allied Hospitals” a la que dedicó una intensa actividad allegando fondos y realizando campañas en ayuda a las necesidades de los hospitales de guerra aliados. Ese mismo año falleció la esposa del General Ramón Cabrera, tras 35 años de viudedad y una permanente fidelidad a la memoria de su marido.

Tras acabar la Guerra Mundial y hasta casi el final de la década de los veinte, el segundo Conde de Morella vivió en España, donde hizo ostentación con orgullo de su título, y reivindicó la memoria de su padre.También su esposa Lilly Rose tuvo entonces una activa vida social y como adalid de la campaña sufragista, fundando la “Unión de Mujeres de España”, y suscribiéndose a la revista “La Voz de la Mujer”, como recoge y celebra el número 21, de enero de 1919, de la misma, que incluye en su portada el retrato de la inquieta segunda Marquesa del Ter.
Del máximo interés para nuestro propósito es la entrevista que concedió Ramón Cabrera Richards a la escritora Cármen de Burgos, que firmaba como Colombine -también destacada sufraguista y correligionaria de su esposa-, que fue publicada en el Heraldo de Madrid, edición de tarde, y después recogida en el volumen “Entrevista con los Descendientes”, dentro de la Obra Completa de la entonces popular escritora.

La entrevista al segundo Conde de Morella no proporciona demasiados datos inéditos, pero contiene algunos elementos de gran interés en relación a la historia autógrafa del General Cabrera que nos ocupa. Así, por ejemplo, se encuentra en ella una cita de Calderón de la Barca que figura igualmente en el pórtico del manuscrito: ”Los que vencen son leales, los vencidos son traidores”.

El propio tono general de la entrevista tiene ese carácter de reivindicación de la memoria de su padre “contra los ataques y calumnias de que ha sido objeto” que se declara en el preámbulo del manuscrito, con el que la entrevista guarda una evidente similitud de planteamientos, que permite pensar no sólo en la identidad del autor de ambos textos, sino incluso en una proximidad cronológica entre uno y otro.
La entrevista contiene algunos errores históricos, como por ejemplo confundir a Carlos VII con Montemolín, o situar en Bélgica la famosa expresión de Don Carlos de que fusilaría a Cabrera cuando entrase en Madrid –que, naturalmente, no era más que una forma de expresar la frustación que las reticencias de Cabrera le producían- en lugar de en Baden-Baden. Los mismos probablemente reflejan que la mayor parte de los hechos eran conocidos por el segundo marqués del Ter a través de lecturas o de oidas, más que de primera mano o directamente a través de la boca de su padre. En otros casos la “imprecisión” es algo más llamativa, como cuando se refiere a “la magnífica posesión –Wentworth- que he heredado de mi madre”, siendo así que el primogénito varón de la primera Condesa de Morella fue ignorado en el testamento de ésta y excluido de cualquier herencia por tanto. La casa de Wentworth fue heredada por su hermana menor Ada Constance, quien en 1920 la vendió. Cuatro años después el promotor Walter G Tarrant, convirtió la finca en una urbanización de viviendas de lujo –en una de las cuales pasó su reciente reclusión Augusto Pinochet- y un club de golf, de cuyas dependencia pasó a formar parte la mansión principal.

Tras sus años en España, los segundos Condes de Morella regresaron a Londres, a una nueva residencia en Picadilly 140. La enfermedad que aquejaba a la condesa impedió desde entonces la movilidad de que habían hecho gala anteriormente. Lilly Rose falleció el 29 de abril de 1836. Poco después en 1938 falleció su único hijo Ramón Henry, Marqués del Ter. El único vástago del segundo conde de Morella, apadrinado en su bautizo por el Rey D. Alfonso, había ingresado en el ejército español. Sirvió en el Regimiento de Húsares de Pavia como teniente y tomó parte en la Campaña de Africa. Estuvo cuatro años en los Regulares de Ceuta a las órdenes del heróico Teniente Coronel Gonzalez Tablas, mandando más tarde el escuadrón de indígenas de Tafersit. Más tarde fue destinado a Burgos como capitán de Lanceros de Borbón. Tras producirse el Alzamiento del 18 de julio de 1936, que le cogió con su familia en Suiza, se reincorporó al Ejército -pues se había acogido a la situación de retiro- como comandante de caballería a las órdenes de Franco, siendo destinado a Tanger dentro del servicio de inteligencia militar. En enero de 1938 cuando viajaba desde Tanger a Ceuta encargado de una delicada misión, sufrió un accidente que le costó la vida, probablemente víctima de un sabotaje del automovil que conducía. Sus restos reposan rodeado de otros camaradas del ejército de Africa –hoy tan injustamente olvidados- en el antiguo cementerio militar de Tanger.

Desaparecido en trágicas circunstancias su único hijo, el segundo Conde de Morella pasó su vejez solo, cuidado por el afecto de su sobrina Charlotte Mary, Condesa de Gandolfi, hija de su hermana mayor Luisa, que había contraido matrimonio con D. Henry Spahlinger.A los 86 años, afectado de un cáncer de estómago, falleció el 24 de mayo de 1940 en el número 12 de Clarence Road, Clever Within D.U, en su residencia de Woodlands Suminghill, en Ascott, cerca de Windsor y de la finca de Wentworth en que habían transcurrido su infancia y adolescencia. Su cuerpo está enterrado en la Catholic Section del All Saints Cementery de Windsor.

El resto de los hijos varones del General Cabrera tuvieron vidas menos dilatadas, falleciendo incluso antes que su anciana madre. El segundo varón, Ferdinand Augustus Ramón Cabrera, había nacido en el mes de marzo de 1856. Durante años fue el orgullo de su madre, al ingresar al servicio del Kaiser Guillermo I en el ejército prusiano por mediación del propio emperador Guillermo, que distinguía al General Cabrera con su amistad. El conde de Morella gozaba de gran prestigio entre los militares prusianos por su genio militar, que había sido ensalzado en los libros de von Rahden y von Goeben, voluntarios al servicio de Don Carlos en España y testigos de sus gestas durante la guerra de los Siete Años. Augustus formó parte del 2º Regimiento de Dragones de la Guardia Prusiana durante diez años, hasta que por problemas de salud tuvo que abandonar el cuerpo, siendo nombrado por el Emperador su Kammerjunker, una epecie de Maestro de Ceremonias o Introductor de Embajadores. Falleció en 1914 a la edad de 59 años.

El tercero de los hijos varones nació en Wentworth en marzo de 1860, y fue según algun autor el “garbanzo negro” de la familia, o al menos del que conocemos menos datos. El periodista norteamericano Roy Heman Chant, que habló con los descendientes del General que vivían entonces, en su libro Spanish Tiger da a entender que padecería algún problema de personalidad, y que con tal motivo sería apartado envíandosele a Australia, conforme a una práctica no infrecuente en las “familias bien” de la época. Mientras lo anterior no está confirmado, lo que si sabemos es que Leopold ingresó en la academia militar de Zerbst - donde anteriormente lo habia hecho su hermano Augustus- al servicio del Kaiser en el ejército alemán. En 1883 se incorporó al regimiento de la Garde Jäger en Postdam por mediación del propio emperador. Leopold falleció en 1909,a la edad de 49 años, víctima de una penosa enfermedad. Está enterrado en la iglesia católica de Saint Edward The Confessor en Windsor, edificada en parte gracias a la generosidad de su padre, quien en 1868 donó el terreno y avaló los fondos necesarios para su construcción. Los segundos condes de Morella mandaron instalar en la iglesia unos vitrales a ambos lados del altar en recuerdo de su hermano Leopoldo.

Finalmente, la última y menor de los hijos del General nació en septiembre de 1862 y fue bautizada católica, como el resto de sus hermanos, con los nombres de Ada Beatrice Constanza. Sin embargo, la menor de los hijos del General Cabrera sería tomada bajo los especiales auspicios de su madre –ya por entonces refugiada en un anglicanismo radicalizado y antirromano- que obtuvo de su esposo la autorización para que fuera criada y educada en la fe protestante. Ada -que moriría de un problema cardiaco en su residencia de Hill House en Harvey Road, Guilford, el 1 de mayo de 1934, a los 71 años-, permaneció toda su vida soltera y heredaría en solitario la fortuna y patrimonio de su madre, incluida la finca de Wentworth, que a su vez vendería en 1920.

Del recorrido anterior por la descendencia del General Cabrera y sus avatares biográficos, se deriva claramente que si alguno de los hijos del General escribió la “historia autógrafa” que estudiamos, éste sólo pudo ser su hijo mayor Ramón, el único que estuvo y vivió en Madrid, que ostentó el título de segundo Conde de Morella y Marqués del Ter, que vindicó la memoria de su padre en una entrevista cuyos términos permiten situar en torno a esa misma fecha la redacción del manuscrito con la historia de su padre. Esta hipótesis es compatible con las escasas referencias cronológicas presentes en el manuscrito que permiten ahorquillar la fecha de sus redacción; la más importante –“muchos años han transcurrido desde que terminaron nuestras guerras civiles”- sitúa ésta probablemente no antes del cambio de siglo y con anterioridad ciertamente a 1936, pero probablemente también a la proclamación de la República en 1931.

3. CARACTERÍSTICAS Y ANÁLISIS DEL CONTENIDO DEL MANUSCRITO

Sabemos el propósito –“sincerar a mi Padre contra los ataques...”- que animó al autor a acometer sus relatos. También parece claro que la “historia autógrafa” del General Cabrera estaba destinada a su publicación, pues así se declara expresamente en el preámbulo, “al publicar esta biografía...” Sin embargo, desconocemos quién la editaría ni a que potenciales lectores se destinaba.

Respecto a lo primero, el manuscrito contiene un par de indicaciones al editor, escritas en inglés. Por ejemplo, en el capítulo XIV en el lugar en el que corresponde insertar los decretos de Alfonso XII tras su reconocimiento por parte del General Cabrera, el autor escribe una nota al editor: “I pressume you got it in Spanish” (supongo que lo tiene Vd. en español). ¿Era extranjero el editor? ¿Se dirigía la narración a un público no español? De hecho esta segunda pregunta parece pertinente, pues al comienzo del primer capítulo al mencionar la ciudad de Tarragona, especifica que se trata “de la capital de la provincia del mismo nombre”, aclaración que parece innecesaria si la obra fuera dirigida a un público español.

Sin embargo, la obra, penosamente autografiada en 669 cuartillas por la propia mano de su autor, no llegaría a ver la luz, al menos que tengamos noticia, sin que podamos saber que circunstancias se opondrían a ello. Ni siquiera su nieta, la actual Marquesa del Ter, conocía la existencia de la misma. La única explicación pensable sería alguna que tuviera algo que ver con lo que más adelante expondremos, con el secreto que encerraba esta intrigante biografía de uno de los personajes más encandilantes del siglo XIX español, escrita, ni más ni menos que por “su hijo”.

El manuscrito se encuentra escrito en español, aunque de tanto en tanto contiene algunas anotaciones en inglés y anglicismos ortográficos. Aparte de las dos referidas notas al presunto autor, el autor escribe alguna nota en inglés para si mismo, como por ejemplo “see Dictionary: guardias Walonas”, o una extraña nota al margen con el nombre inglés de una serie de depredadores –“sharks, beasts, leopards, decils and cocodriles”- difícil de interpretar, y que quizás se refiriera a una clave encriptada usada por el General Cabrera. En todo caso este uso “para si mismo” del inglés, confirmaría la autoría del mayor de los hijos del general, perfecto bilingüe pero que previsiblemente “pensaría” en la lengua en la que recibió toda su educación escolar. Quizás este mismo hecho esté detrás de alguna falta ortográfica, como cuando escribe “hizar” por “izar” o cuando incluso corrige la hache con un tachón poco después. Otros tachones y correcciones son frecuentes, la mayor parte de las veces para mejorar el estilo, y rara vez para cambiar una idea o censurar algo previamente escrito. Resulta sorprendente, sin embargo, un tachón y corrección en una cita literal del Diario de Operaciones del General; si era cita literal ¿por qué un cambio de estilo?. Junto a ello, algunas frases o párrafos figuran subrayados, sin que parezca que el objetivo fuera enfatizar su importancia. Anecdóticamente, en el capítulo IX un lapso le hace escribir Carlos VII, donde debería haber escrito Carlos V.

En cuanto a la estructura interna de la obra, la historia se encuentra dividida en catorce capítulos de extensión muy diferente y que abarcan periodos de muy distinta duración de la vida del General. Así, los nueve primeros comprenden el periodo transcurrido hasta el final de la Guerra de los Siete Años en 1840; es decir, los primeros treinta y cuatro años de la vida de Ramón Cabrera. Los capítulos 10 y 11 se dedican al periodo de entreguerras, concluyendo con la segunda emigración a Francia que pone fin a la guerra de los “Matiners”. Los capítulos 12 y 13 recogen los años del Montemolinismo y la fallida intentona de San Carlos de la Rápita, seguida por la muerte poco después del segundo Rey de la Dinastía Carlista, y los sucesos que transcurren hasta 1872, poco después de la ruptura de Cabrera con Carlos VII. Finalmente, el último capítulo se consagra al año en que Cabrera reconoció a Alfonso XII, y al poco tiempo transcurrido desde entonces hasta la muerte del Conde de Morella en 1877. Es decir, más de dos terceras partes de la obra se dedican a un periodo previo al nacimiento de su presunto autor –que tendría por tanto que usar para su historia fuentes ajenas- y sólo una tercera parte al periodo que él pudo presenciar directamente, o al menos, que le es personalmente contemporáneo.

Sin embargo, esta aparente falta de utilización de lo que hubieran podido ser referencias directas o testimonios de primera mano del autor, en beneficio de la repetición de informaciones suficientemente conocidas con antelación, no es la única paradoja de la obra que llama poderosamente la atención del lector, y que conduce a una cierta decepción final respecto a la expectativa creada a priori por leer una biografía escrita por el propio hijo del General Cabrera. Decepción proveniente de que el autor no incluye en su historia una sola vivencia o recuerdo personal en su calidad de testigo privilegiado de la vida familiar, ni siquiera de los que ocurrieron en su avanzada juventud. Su biografía es la de un historiador extrínseco a los hechos y los personajes. Parecería que el Preámbulo del hijo y la biografía subsecuente estuvieran escritas por distinto autor, aunque la caligrafía y la mano que sujeta la pluma pertenecieran a una misma persona.

El mismo Ramón Cabrera Richards, en la ya referida entrevista a Carmen de Burgos, confiesa que su padre nunca sacaba el tema de sus hechos militares o políticos en la conversación familiar: ”Mi padre no hablaba jamás del pasado delante de nosotros”. Esta circunstancia podría explicar en parte la necesidad de acudir a fuentes externas, al menos para el periodo anterior al uso de la razón y memoria del autor del manuscrito. Sin embargo, subsisten otros detalles sorprendentes que llaman poderosamente la atención del lector apercibido, que no “acaban de encajar”; el distanciamiento y la “frialdad” hacia personas muy cercanas es uno de ellos.

El manuscrito empieza por referirse al protagonista como “el General Cabrera”, “el caudillo”, “D. Ramón”, “nuestro héroe”, “el ilustre General” etc. Pero nunca como “mi padre”, que es la denominación que utiliza en el Preámbulo de la obra. ¿Por qué el autor rechaza hacer valer su condición de hijo del biografiado, que hubiera dado a su historia mayor interés testimonial y atraido en mayor grado la atención del lector?

Igual ocurre cuando en el capítulo III narra el fusilamiento de María Griñó -¡su abuela!- sin un rasgo de cercanía emocional, y se refiere a su responsable, el General Nogueras –a cuyo nombre el General Cabrera no se referiría nunca sin acompañarle de los epítetos que expresaban su desprecio y repugnancia-, como D. Agustín Nogueras, con el respetuoso “don” delante y sin asociarle nunca al villano episodio del asesinato de la muerte de María Griñó.

El mismo distanciamiento afectivo que se refleja hacia su propia madre, Marianne Catherine, a la que llama en el texto simplemente “la Condesa de Morella” o “una señora de la aristocracia inglesa”, y a la que –y esto es lo más sorprendente- en una nota al margen, y por tanto para uso exclusivo del autor y para no ser publicada, se refiere por “the Dovager” (la condesa consorte).

Distanciamiento que se manifiesta finalmente al hablar de los hermanos del propio autor, de los que sólo menciona el nombre de Augustus; y respecto a sí mismo, de quién habla como del hijo mayor, como si nada tuviera que ver con el autor del manuscrito. ¿Es que acaso la biografía iba a mantener a su autor en el anonimato, o iba a ser firmada por un tercero, y el preámbulo, en el que habla de reivindicar la memoria de “mi padre”, no formaría parte de la obra una vez publicada?

Junto a esta paradójica distancia emocional de los personajes, llama también la atención la desconexión entre la finalidad declarada que lleva al autor a escribir la historia –establecer la verdad de los hechos frente a ataques, deformaciones etc- y el contenido final de la misma, que carece de ese tono esclarecedor. La historia, tal y como se narra en el manuscrito, no parece pretender desvelar, aclarar, refutar algunos de los episodios con los que los libelos liberales se cebaron con la memoria del General –su supuesta trama contra Carnicer, los episodios de sangre de Burjasot etc- sino simplemente hacer una narración resumida y epidérmica, que parece, muy al contrario, tener especial interés en sortear los momentos más oscuros o controvertidos de la vida del General. Lejos de centrarse en lo que hubiera servido para el propósito de su historia, el autor consume la misma en recoger documentos ya conocidos, en citar textos que figuran en obras clásicas, en relatar sucintamente los mismos episodios de sobra divulgados, en una sucesión de “hazañas bélicas”, simple manifiesto genérico sobre el heroísmo y valor del General. Es más, diríase que el relato está escrito desde una deliberada voluntad de no herir ninguna susceptibilidad, de no molestar a nadie. Así se aprecia, por ejemplo, cuando escribe: “Ni los actos reprobables del Gobierno de Madrid, que acabamos de citar, ni otros varios que por su sentimiento de delicadeza callamos, tuvieron gran influencia en el desarrollo de las operaciones militares”. Está claro que el autor pretende en su biografía ensalzar la talla de un héroe y un militar genial, pero que evita meter los dedos en la llaga, comprometerse con la Causa por la que luchó el General o tomar partido contra las posiciones de quienes atacaban su memoria. También quizás de los que la atacaban, o podrían atacar, desde su mismo bando. En este sentido es curiosa una nota al margen del autor al relatar la boda del protagonista y omitir de la misma la ceremonia protestante: “I think it better not to mention St. George Church” (pienso que es mejor no mencionar la iglesia –protestante- de Saint George).

La perplejidad por todas las razones expuestas más arriba, unidas a esa extraña sensación de decepción a la que hacía también referencia, obligaban inevitablemente a hacerse una pregunta inicialmente descabellada ¿Y si la biografía no la hubiera escrito el hijo, ningún hijo del General?

4.LA RESPUESTA

Con la expresada sospecha de fondo, mis pasos se encaminaron, casi inconscientemente, hacia otro libro, poco conocido en España, hacia otra biografía del General Cabrera, cuya lectura me había producido hacia tiempo el mismo desencanto, la misma decepcionante brecha entre la expectativa inicial y la realidad posterior de un libro que aportaba menos de lo que prometía. Me refiero a “The Biography of Field-Marshal Don Ramón Cabrera, First Count of Morella; First Marquis del Ter”, escrita (compilada) por el Capitán D. Luis Polo de Lara, su último Ayudante de Campo, publicado “para circulación privada” en Londres en 1887. Y ¡oh sorpresa, las dos biografías no eran tales, sino un único libro!, o dos en que uno y otro se parecían como dos gotas de agua.

Luis Polo nació en Toulouse el 19 de enero de 1844, hijo de Luis Polo de Lara y Castillo y de Dolores Albanell y Torres. De su padre sabemos que fue guardia de Corps de Fernando VII y que llegó a teniente de caballería, y de su madre que era natural de Villafranca del Cid. Sabemos también que ambos eran de ideas carlistas -su madre, y quizás también su padre, estuvo en la defensa de Morella cuando fue sitiada por el ejército liberal del general Oraa, según testimonio directo de su propio hijo- lo que explicaría el nacimiento de su primogénito en Toulouse, donde probablemente estuvieran exiliados al final de la guerra. Su padre era además pariente, probablemente primo, del que sería brigadier carlista D. Juan de Dios Polo y Muñoz de Velasco.
Regresados a España y tras fallecer su padre, su madre presentó en 1859 desde Villafranca del Cid la solicitud de ingreso, como huérfano de militar, de su hijo como cadete de artillería, pidiendo el mismo poco después su pase al Colegio de Infantería.
En 1868 alcanzó el grado de teniente y en octubre de 1869 este mismo empleo por méritos de guerra, contraidos en la famosa batalla de Alcolea de 28 de septiembre, en la que peleó a las órdenes del marqués de Novaliches. El años siguiente, no obstante, sufriría en mayo arresto de un mes en el castillo de Montjuich de Barcelona, por habersele abierto causa acusado de conspirar al servicio del Pretendiente Don Carlos. Vista la causa, el tribunal militar le dejó en libertad por no poderse demostrar su participación en los hechos, si bien quedo bajo sospecha y en situación de relevo.
En 1869 fue promovido al grado de capitán, y un año más tarde contrajo matrimonio con Dña. Elisa Torres y Mateu.
Destinado más tarde al batallón de Cazadores de Alcántara, en Madrid, desertó el 14 de diciembre de 1871, cuando el mismo recibía la orden de embarque hacia Cuba, pasó la frontera y se unió al Ejército Real de D. Carlos, con quien entró en 1872 en España, siendo ascendido a comandante . A consecuencia de todo ello se le instruyó causa sumaria en diciembre de 1872, condenándosele a su baja definitiva del ejército y prohibición absoluta de volver al servicio militar, publicándose la sentencia en septiembre de 1873.
Poco después de su entrada al campo de batalla sufrío una caida que le produjo una hernia inguinal, a consecuencia de la cual tuvo dejar el frente, pasando a ser destinado a la Diputación a guerra Vasco-Navarra, a las órdenes del mariscal de campo D.Juan de Dios Polo, y sirviendo de emisario de Don Carlos y de su secretario Arjona entre España y Francia.
El 14 de abril de 1875 firmó el Acta de General Cabrera ante el consul español en Bayona D.Juan Castro, reconociendo a Alfonso XII. Fue enviado a Valencia, en unión del general Polo, de donde pasó después al depósito para jefes y oficiales procedentes de las filas carlistas que el Gobierno Cánovas estableció en Avila. En septiembre obtuvo autorización para trasladarse a Pau, uniéndose al grupo dirigido por el General Cabrera para acoger a los carlistas que abandonaban las banderas de Carlos VII.
En mayo de 1876 tramita ante la Junta Clasificadora su reingreso al ejército. El 16 de agosto de 1876 solicita ante el Director General de Infantería el sobreseimiento de la sentencia de expulsión del mismo de 1873 por abandono de su puesto, acogiéndose a la Real Orden de 15 de febrero de 1875. Revisado el expediente y la documentación presentada, en la que no pudo hacer constar su grado de capitán, fue resuelta su reincorporación con el grado de teniente, que era el mostrado tener cuando abandono las filas del Ejército.
En agosto de 1876 el ministro de la Guerra, por solicitud del propio Ramón Cabrera -reconocido como Capitán General del Ejército Español-, fue nombrado Ayudante de Campo del conde de Morella, lo que le fue comunicado a éste por parte del Subsecretario del ministro:
“Exmo Señor
El Señor Ministro de la Guerra dice hoy al Capitán General del Ejército Don Ramón Cabrera lo siguiente.
Accediendo a los deseos de V.E, el Rey (q.D.g) ha tenido a bien nombrar Ayudante de Campo de V.E al Teniente de Infantería Don Luis Polo y Albanell, al que se abonará por las nóminas del Distrito de Castilla la Nueva el sueldo y raciones para caballo que le corresponden que le corresponden con arreglo al Real Decreto de de diez y nueve de Abril del año próximo pasado.
De Real Orden comunicada por dicho Señor Ministro, lo traslado a V.E para su conocimiento. Dios guarde a V.E muchos años. Madrid 18 de Agosto de 1876”.

Luis Polo permaneció en su puesto de Ayudante del General hasta después del fallecimiento de éste, regresando a Madrid el 24 de octubre siguiente, si bien mantendría hasta el final de su vida sus vínculos con la familia Cabrera y con la condesa, a la que visitaba anualmente en su residencia de Wentworth.
En julio de 1877 Luis Polo obtuvo la rectificación de su apellido por el de Polo de Lara, tras mostrar que así es como había sido empleado por su familia en épocas anteriores.
Cuando en 1887 Luis Polo de Lara escribe su biografía -“para circulación privada”- del General Cabrera, era ya capitán, mientras que en 1900, cuando escribe a la condesa viuda, había ascendido ya a mayor. El 5 de junio de ese mismo año pasó a la situación de reserva en Madrid.
El 25 de abril de 1901 Luis Polo llegó a Wentworth en su visita anual, siendo al día siguiente sometido a un reconocimiento médico. El 2 de mayo fue sometido a una operación quirúrgica, y un par de días después declarado fuera de peligro. El 5 de Junio regresó a Wentworth y el 21 de agosto se volvió a España. Al año siguiente la visita tuvo lugar el 26 de junio. El día 30 se fue a la casa de la calle Welbeck, y el 7 de julio volvió a Wentworth, hasta el día 16, en que regresó a Welbeck St. El 6 de agosto sufrió una nueva operación quirúrgica, trasladándose el 27 del mismo mes a Bulstrode St. El 15 de octubre Polo fue de nuevo a Wentworth, donde falleció tres días después, el sábado 18 de octubre a las dos de la tarde. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Christ Church, en Virginia Waters,a pocos metros de la tumba del general Cabrera. La condesa sufragó una lápida conmemorativa que fue colocada en el interior del templo, como hizo también con su difunto esposo, fallecido casi treinta años antes.

El entonces capitán Luis Polo de Lara publicó su libro en Inglaterra en una tirada limitada y con la advertencia “Printed for Private Circulation”. Aunque la edición carece de fecha y de las referencias editoriales habituales, sabemos que fue publicado en 1887. El último párrafo del libro deja pocas dudas al respecto: “han transcurrido diez años desde la muerte del General Cabrera.”

La difusión de la biografía recopilada por el capitán Polo fue muy restringida, permaneciendo desconocida para la práctica totalidad de los biógrafos del Conde de Morella. Así, no parecen tener noticias de ella ni Julio Romano, ni Mariano Tomás, ni Román Oyarzum, autores de tres de los principales trabajos biográficos sobre el caudillo carlista publicados en este siglo.

La primera aparición de la obra de Luis Polo como referencia bibliográfica es en el libro del periodista americano Roy Heman Chant titulado “The Spanish Tiger”, publicado en Inglaterra y Nueva York en1983. A partir de ahí, la referencia pasa al interesante trabajo de Conxa Rodríguez Vives sobre “Cabrera a l´exili”, que la consolida como una referencia obligada en la bibliografia cabrerista.

Cuando Ramón Cabrera Richards acomete la traducción de la obra de Polo, prácticamente nadie conocía, por tanto, de la existencia de la misma. El hijo del General podía haber optado por darla a la luz haciendo que fuera publicada, o por haberla tomado como base para redactar una obra personal. Sin embargo optó por una vía difícil de justificar: apropiarse la obra, añadiéndola simplemente un Preámbulo al Prefacio y a la Introducción de la que ya constaba la misma. Es verdad que en dicho Preámbulo no se dice expresamente que la biografía estuviera escrita por él, puesto que habla de sus motivos “al publicar” esta obra, pero es también verdad que no se menciona en absoluto a su verdadero autor, y que deliberadamente se introducen en el texto algunos cambios sutiles para que la apropiación no resulte evidente. Así, por ejemplo, en el anteriormente mencionado último párrafo en el que Polo escribe “han transcurrido diez años desde la muerte del General Cabrera”, Ramón Cabrera Richards lo deja ahora en “han pasado ya muchos años...”

Unos cambios que, en todo caso, son a lo máximo de unas pocas palabras a lo largo de toda la obra, y que no llegan a alterar ese anómalo distanciamiento emocional de los personajes que llamó la atención en nuestro análisis. Entre esos cambios hay uno que merece consignarse, por lo que pudiera tener de significativo: la añadidura del epíteto “canalla” calificando a Merry del Val, cuando su nombre aparece en el capítulo XIV. Una estridencia en un texto por lo demás de un respeto exquisito a unos y otros –recuérdese lo dicho sobre el tratamiento a D. Agustín Nogueras- que pudo ser superior a las fuerzas del segundo Conde de Morella no añadir, indicativo quizás de una mala relación personal entre ambos, o de lo que “el autor” hubiera podido considerar como la valoración que hacía su padre del diplomático con el que negoció su adhesión al régimen alfonsino. En todo caso, una licencia inaceptable si el propósito al traducir la biografía escrita por Luis Polo de Lara, no hubiera ido más allá de darla a conocer.
Es, sin embargo y curiosamente, esta “salida de tono” al calificar de “canalla” al diplomático alfonsino la que nos permite ligar el Manuscrito con una nueva pista que arroja luz adicional sobre el mismo. El autor carlista catalán D.Joaquín de Bolós y Saderra publicó dos libros en Barcelona en 1928 y 1930, respectivamente, sobre “La guerra civíl en Cataluña 1872-1876” y sobre “El Carlismo en Cataluña”. En ambos dedicó algunas páginas al General Cabrera, figura clave del Carlismo durante todo el siglo pasado y muy especialmente en Cataluña, de donde Cabrera fue Comandante General, tanto al final de la primera guerra como durante la guerra de los Matiners o campaña nontemolinista. Bolós, a diferencia de lo que era tónica habitual entre los escritores carlistas posteriores a Carlos VII, ensalza a Cabrera y se muestra comprensivo con su actuación ante la última guerra. En ambos libros menciona al entonces segundo Conde de Morella y primógenito varón del General, como fuente de algunos de los datos sobre el caudillo tortosino. De particular interés resulta el comentario que sobre ello hace en una nota a pie de página al comienzo del capítulo XVII del segundo de los mencionados libros: “Conforme indicamos hemos recibido con retraso y casi compuesto el libro, un voluminoso pliego debido a la amabilidad del Sr. Conde de Morella, retenido hace tiempo en el extranjero debido a la enfermedad de la Sra. Condesa. Contiene datos importantes de la vida militar del célebre e ilustre general Cabrera que, con cariño de hijo ha ido acoplando para hacer valer sus méritos, así como para defenderle de injustas acusaciones. Por su extensión no hemos podido continuarlo en el presente y sólo hemos tomado ligeros apuntes de algunos interesantes episodios que serán con seguridad del agrado de nuestros lectores".
El resumen de ese “voluminoso pliego debido a la amabilidad del Sr. Conde de Morella” que Bolós hace a continuación en su libro, no deja lugar a dudas de que se trata de nuestra misma “historia autógrafa del general Cabrera escrita por su hijo”. Por si existiera alguna duda, que no es posible, interviene aquí para deshacerla ese descarnado epíteto de “canalla” con el que se moteja a Merry del Val que también llama la atención de Bolós al llegar a ese punto del texto en el que se narra el reconocimiento de Alfonso XII por Cabrera: “…nombró el gobierno al Duque de Santoña y al (hay en el original un calificativo durísimo) Sr. Merry del Val para que se avistaran con el veterano general a fin de obtener de él el reconocimiento del gobierno establecido”.
Sabemos, por tanto, que en 1930 Ramón Cabrera Richards, segundo Conde de Morella, mandó, con retraso, la historia autógrafa de su padre a Joaquín Bolós para que hiciera uso de ella para la publicación de su segundo libro –ya para el primero había proporcionado algunos datos sobre su familia al autor-, y que éste recibió la historia –escrita por el Capitán Polo de Lara- como escrita por el hijo del General, haciendo uso de documentación procedente del archivo de la familia, tal y como se refleja al valorar “que con cariño de hijo ha ido acoplando –el voluminoso pliego recibido- para hacer valer sus méritos y defenderle de injustas acusaciones”.


La conclusión alcanzada respecto a la verdadera autoría de la historia autógrafa del General Cabrera proporciona explicación cumplida a todas las piezas que no encajaban creyéndola escrita por su hijo. Así se explican los tachones que corrigen el estilo de la traducción, lógicos por tanto incluso en el caso de citas literales. Así se explican también los anglicismos, como usar sólo el segundo de los signos de interrogación, en lugar de los dos que se usan en la ortografía española. Se comprende también así la simpatía de fondo por la Causa carlista, compatible con una equidistancia formal y un calculado propósito de no granjearse enemigos. Al fin y al cabo Luis Polo de Lara era carlista, pero se había acogido a indulto y había reingresado en el ejército, estando obligado a observar prudencia en sus manifestaciones. Se aclara finalmente también la carencia de aportaciones inéditas –en una biografía que el propio Polo presentaba sólo como una “compilación”- y la atención preferente a las páginas heroicas de la primera guerra, que fueron las que dieron lugar al prestigio militar legendario de Cabrera en España, en Inglaterra y en toda Europa. Y, por supuesto, se esclarecen las razones de ese distanciamiento emocional respecto a la abuela, la madre y los hermanos del segundo Conde de Morella que resultaba tan poco natural.

La obra penosamente traducida y manuscrita por el hijo del General, no llegaría a publicarse nunca, por razones que desconocemos, aparte del mencionado resumen de algunos capítulos que incorpora Bolós a su libro.
En realidad desconocemos con exactitud la fecha en la que Ramón Cabrera Richards abordó la traducción del libro de Polo –ciertamente en los años veinte, en cualquier caso-, e incluso el motivo concreto de acometer la misma. Quizás lo preparara como esos “todos los datos que posee de su ilustre padre” que la escritora Colombine dice al comenzar la citada entrevista del Heraldo de Madrid que el segundo marqués del Ter se había prestado amablemente a darle. Quizás fuera el texto al que se había comprometido con D.Joaquín Bolós de una manera más formal para que fuera incluido en su libro. Quizás no buscaba inicialmente más que haber dispuesto de una simple historia ordenada –que sonaría a inédita a algunos- que poder utilizar como referencia para las ocasiones, buscadas o imprevistas, en que fuera requerido a dar testimonio sobre la figura de su padre.
Sea cual fuere el motivo, al no editarse nunca la “historia del General Cabrera escrita por su hijo” como tal, en todo caso el plagio permaneció en el ámbito privado, por lo que no cabe la acusación en este sentido. Tampoco cabe imputar a la casa de subastas que cometiera una estafa al Estado, que pagó por el manuscrito una suma millonaria, creyéndolo original, pues en nadie hubo voluntad de engañar.
Dejémos nuestra conclusión en la de una anécdota de los estudios historiográficos sobre la figura del bravo paladín de Carlos V y Carlos VI, cuya prueba de cargo queda ,ya para siempre, guardada en los fondos del Archivo Histórico Nacional, sección de Estado.
[1] La información de que el primogénito varón del General Cabrera no logró ingresar en el Ejército Británico, procede del Diario de su propia madre. Es curioso que el autor carlista y cabrerista D.Joaquín de Bolós y Saderra en su libro “La guerra civíl en Cataluña 1872-1876”, publicado en 1928, diga de él que era Capitán del Ejército británico y Secretario de Embajada”. Don Joaquín Bolós estuvo en contacto con el segundo Conde de Morella, que le proporcionó diractamente algunos datos sobre la familia del General Cabrera. La inmediatez de la fuente no es, sin embargo, en este caso suficiente garantía de veracidad. El hijo primogénito de Cabrera tuvo cierta tendencia a “adornar” algunos aspectos relacionados con su persona.

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